¿Quieres una estatua gratis?

La historia que les platicaré a continuación me la hizo llegar una amiga llamada Rubí, que tenía otra amiga, Pamela.

Pamela trabajaba de niñera en sus tardes libres, para ganar dinero y ahorrar para su universidad. Una tarde tenía como trabajo cuidar a unos chicos, esta vez hasta muy tarde. Cuando entró en la casa de los niños, los padres ya se habían ido, y notó inmediatamente una estatua de un payaso, en la sala de estar. Pero ese payaso se miraba macabro, cada vez que Pamela pasaba a un lado de él, sentía un enorme escalofrío.




Lógicamente no le dio buena espina y se sentía asustada. Los ojos del payaso parecían seguirla mientras caminaba, pero continuó con su trabajo, tratando de ignorarlo. Después de llevar a los niños a dormir, se quedó completamente sola, excepto claro por esa tétrica estatua. Ya era muy tarde y no quería quedarse sola en la sala de estar. Se le ocurrió una idea, se armó de valor y llamó a los padres. Les preguntó si ella podría poner una manta sobre la estatua del payaso, porque estaba empezando a darle miedo.

Casi se le cae el teléfono cuando escuchó la respuesta de la madre, extrañada:

“No tenemos ninguna estatua de payaso…”

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